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3.15. Elementos auxiliares

6. Colocación de elementos auxiliares y complementarios: rejillas, sumideros, y otros.

La colocación de los elementos auxiliares y complementarios cierra el periodo de construcción del edificio en el sistema de acabados. Esto completa la obra con trabajos de terminación generalizándose en los revestimientos de elementos estructurales.

Para cada una de las fases de obra se pueden encontrar elementos auxiliares y complementarios que acompañan a las aplicaciones de la piedra natural. Así pues se distinguen:

– En muros y fábricas: rejillas, elementos para ocultar instalaciones y juntas estructurales o rozas.

– Carpinterías: marcos de colocación superficial o empotrada.

– Instalaciones: iluminación superficial o empotrada, rejillas para sumideros, aliviaderos, etc.

– Revestimientos: aplacados en muros, revestimientos interiores y exteriores, cubriciones con pizarra, etc.

6.1. Rejillas.

Como elemento constructivo una rejilla es una retícula o pantalla perforada para cubrir, ocultar o proteger una abertura de un paramento. Se coloca a modo de ventana respiradero. También se utilizan para impedir el paso de animales a las estancias.

6.2. Sumideros.

Los sumideros son elementos que pertenecen a la red de instalaciones de saneamiento. Hasta ellos llegan las líneas de agua de las cubiertas y las rigolas en urbanización. En los sumideros se suelen colocar rejillas para evitar que a la red de evacuación de aguas lleguen objetos sólidos que puedan producir atascos.

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6.3. Remates metálicos.

Un remate arquitectónico es el elemento que se coloca sobre la construcción para adornarla o coronarla. Su definición se aplica incluso a los ornamentos extremos como las coronaciones.

En piedra natural algunos remates se indican principalmente en las cornisas. Se puede destacar la función del babero que es una chapa metálica para evitar el paso del agua de lluvia y que se coloca tanto en cubierta como en uniones entre paramentos.

6.4. Otros elementos auxiliares y complementarios.

En este apartado se pueden señalar aquellas estructuras que sirven de seguridad, tanto para soportar saledizos o balconadas en la fachada como barandillas y antepechos.  Estos elementos se colocan en la obra de piedra de forma empotrada, anclada o mediante elementos mecánicos, tales como tornillería. También se pueden encontrar rejas embutidas en los marcos de la madera de las ventanas.

6.5. Protecciones contra la humedad: barreras en arranques y acabados superficiales.

Cualquier material utilizado en la construcción está regulado en cuanto a sus características para mantener la calidad y la seguridad de manipulación.

Esto significa que durante el proceso de construcción esos materiales no pierdan ninguna de las cualidades por las cuales han sido elegidos en el proyecto. Además deben asegurar que funcionarán una vez colocados.

La piedra natural por su condición de pertenecer al medio y guarecer las construcciones de los agentes externos debe cumplir unas condiciones según su naturaleza y uso. Así el material pétreo tiene unas características que son ensayadas y que se agrupan en: ensayos de dimensión, de propiedades mecánicas, de propiedades hídricas, de durabilidad y ensayos para otras propiedades.

6.6. Barreras en arranques.

En general hay que tener en cuenta el proceso de envejecimiento del material pétreo, sobre todo en ambientes húmedos. El agua de lluvia, y a veces de los morteros de colocación, sobre todo en revestimientos de aplacados, puede originar manchas además de un deterioro estructural produciendo efectos no deseados.

Las barreras en arranques son concebidas para impedir que el agua entre en la edificación y espacios habitables, además de proteger la biodegradación que pueda sufrir el material.

El zócalo debe ejecutarse correctamente. Esto quiere decir que hay que saber qué tipo de material pétreo se coloca. Preferiblemente un material poco poroso.

6.7. Acabados superficiales de la piedra natural.

Otras protecciones realizadas en piedra tanto natural como artificial son los relacionados con piezas especiales de aplacados o revestimientos. Al igual que el zócalo, que también tiene la función de resistir los impactos, se pueden encontrar elementos vulnerables de la edificación. En este sentido otras protecciones son las esquinas, los cortavientos y las ménsulas. Los tipos de acabados superficiales que reciben el nombre del aspecto que se puede observar a simple vista son fruto de la aplicación de técnicas manuales o mecánicas.  Así se puede encontrar con la siguiente terminación:

– Al corte: la superficie no presenta ningún tratamiento. Se muestra tal cual sale del corte de la máquina después de la extracción de la materia prima.

– Serrado: aspecto que presenta la piedra tras pasar un bloque por la sierra mono o multilama (telares de flejes en acero o diamante). La superficie resultante es muy plana y lisa pero áspera con aparición de surcos u ondulaciones paralelas.

– Lajado: corte natural utilizando herramientas similares a las manuales como un cincel ancho, cuñas o mazas. Es una terminación característica de las piedras pizarrosas y se puede aplicar a alguna cantería tableada como cuarcitas o algunas areniscas. Para piedras que no tienen esta característica de laja esta terminación recibe el nombre de partido.

– Labrado: consiste en el rayado superficial con incisiones oblicuas. Se realiza a mano utilizando la escoda.

– Apiconado: tratamiento rústico con muescas e incisiones alargadas sobre una superficie previamente aplanada con disco, corte natural o serrado. Se emplea en acabados de arcos, esquinas y peanas. Se utilizan el golpeo de una pica o un puntero. Dan carácter de construcción antigua.

– Escafilado: tras el corte se retrabaja la pieza con herramientas de labra manual para conseguir una superficie heterogénea. Si el relieve tiene más de 2 centímetros esta terminación se llama de berrugo. Se aplica sobre todo en construcciones rurales o espacios urbanos con apariencia rústica.

– Abujardado: es un acabado rugoso que da una textura granulada. El acabado se consigue por el uso de un martillo de cabezales dentados de acero o bujarda. En su aplicación se consigue que el tono del color de la piedra sea más claro y homogéneo. Suele utilizarse en peldaños.

– Flameado: a diferencia del resto de acabados el flameado es un tratamiento con lanza térmica que proyecta alta temperatura sobre la superficie dando un relieve rugoso. Este acabado tiene un aspecto de superficie vítrea y con cráteres.

– Pulido: es un tratamiento progresivo de alisado y abrillantado de una superficie. Se caracteriza por la utilización de abrasivos sobre la piedra que dejan la superficie libre de poros mejorando la resistencia a las agresiones externas.

– Apomazado: tratamiento similar al pulido pero no se llega a «sacar brillo» quedando las superficies planas y lisas y sin marcas visibles, pero mate.

6.8. Espesor, relleno y acabado de juntas. Tratamiento de juntas y superficies.

Una de las principales puertas de entrada de humedad en la piedra natural son aquellos elementos diferentes en contacto con el material pétreo.

Visiblemente las juntas también quedan expuestas al ambiente, pero además pueden contener otro material diferente al pétreo natural, lo que es susceptible de crear alguna afección.

6.9. Tratamiento de juntas y superficies.

El principal tratamiento durante el procedimiento de construcción de cualquier elemento de piedra natural que reciben las superficies y las juntas es el de limpieza. Para su sellado natural se realiza el llagueado.

Por tanto, el mortero que debe aplicarse en las juntas debe tener propiedades similares al material pétreo y es preciso que sus componentes sean lo más naturales posibles. El llagueado permite pulir de algún modo el mortero de la junta y dejar libre de poros este material de unión.

Hay varias modalidades de juntas que se pueden dar en la construcción con piedra natural:

– La junta a hueso que no posee material de sellado.

– La junta de dilatación que absorbe las variaciones del posible movimiento estructural y que en fábricas de piedra (según el CTE) se dispone cada 30 metros.

– La junta estructural formada entre dos cuerpos de edificio contiguos debiendo ser respetada y protegida.

– La junta preconformada que es un perfil metálico o junquillo que cierra el espacio libre de la junta. Tiene un carácter mecánico y estético.

– La junta en movimiento que está formada entre dos paños de un revestimiento de fachada o pavimento y permite la libre variación térmica.

6.10. Materiales sellantes.

El pulido o abrillantado hace que las superficies queden libres de poros. De alguna forma «sella» el material. La principal función del material sellante es la de crear una película sobre la piedra que mantenga los poros cerrados. Con esta función no penetrará humedad o partícula alguna en la piedra.

Se trata de barnices que tienen una duración máxima ya que son sensibles al envejecimiento provocado por los rayos UV del sol.

6.11. Remates singulares.

Como ya se sabe, algunos de estos remates son las albardillas, que incluso en las construcciones con materiales manufacturados, se prefieren de piedra natural y de una sola pieza.

Existen otro tipo de remates decorativos como las molduras. En este sentido se encuentran también remates en borde, como por ejemplo en las encimeras.

Entre la enumeración interminable de remates singulares se destacan los siguientes:

– En cornisas e impostas: coronaciones, encuentros, remates y recodos de cornisas.

– En revestimientos: zócalos y remates del zócalo.

– En aplacados: cenefas, frisos, frontones.

– En fábricas con piedra natural: celosías, grabados y altorrelieves de piedra.

– En escaleras: zanquines, remates de pilares o de la columna, inicio de barandilla de escalera.

– En mobiliario: variedad de mobiliario urbano, mojones, marcos y decoraciones funerarias.

– Encimeras para baños y cocinas.

– Otros: abrevaderos, piedras de molar, peanas, lavabos, fregaderos, bañeras y platos de ducha.

Un remate también es entendido como el fin o terminación de algo. Según esta descripción cualquiera de los elementos lineales anteriormente enumerados puede tener un remate en canto recto, medio redondo, redondo.

6.12. Limpieza de las fábricas de piedra y del área de trabajo.

Dentro del procedimiento de colocación de la piedra natural, y más concretamente en los puntos finales, se indicaba la importancia del orden y limpieza del área de trabajo y del aspecto frente a la entrega de la construcción pétrea.

La limpieza tiene por objeto eliminar la suciedad y otros materiales nocivos acumulados en la superficie y que aceleran su deterioro.

Las operaciones previas en el proceso de limpieza, mantenimiento o consolidación se rigen por un programa de trabajo en el que se incluyen dos pasos previos:

1. La identificación de los materiales (incluidos los de las juntas).

2. La tipología, naturaleza y extensión de depósitos superficiales.

6.13. Métodos de limpieza.

La limpieza periódica ayuda al mantenimiento y conservación de la piedra natural. Dependiendo de los pasos previos del programa de limpieza se puede hablar de varios métodos clasificados en cuatro tipos.

Tratamientos acuosos

Se trata de aprovechar las propiedades solventes del agua para atacar a los componentes solubles de los contaminantes.

Aunque el agua de lluvia u otros aportes pueden causar lesiones en los paramentos verticales, también se puede señalar que favorecen el lavado de la piedra de forma natural.

En general es recomendable el empleo de agua desmineralizada en las siguientes metodologías:

– Agua a presión: que no sobrepasa las 2 o 3 atmósferas en piezas deterioradas para no contribuir a la erosión. Indicado para depósitos solubles calcáreos.

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– Agua nebulizada: a través de nebulizadores de pequeño caudal y con gran superficie de actuación. Para geometrías de difícil acceso y elementos decorativos labrados.

– Vapor de agua: como última elección si se utiliza un método acuoso de limpieza, puesto que no es controlable el tiempo de exposición al vapor de las piezas pétreas.

Tratamientos mecánicos.

Se aplican con precaución para que su acción sobre el paramento pétreo sea lo más limitada posible.

Las herramientas más utilizadas son bisturís, espátulas, lijas o equipos motorizados como tornos de precisión, amoladores o de proyección de abrasivos.

Su uso se realiza en condiciones controladas y situaciones en las que otros tratamientos no son factibles.

Para los tratamientos mecánicos los métodos utilizados son:

– Manuales: de ejecución lenta con eficacia que depende de la pericia del operario. Aunque se trata también de un método de inspección previo dado el acercamiento personalizado al conocimiento de la suciedad a eliminar.

– Chorro o microchorro de arena: se proyecta arena de sílice, vidrio, piedra pómez, alúmina u otro material abrasivo sobre la piedra. Se hace de manera controlada para evitar la erosión. Puede realizarse por vía seca o húmeda.

Tratamientos químicos.

Deben emplearse bajo supervisión de personal experto y comprobaciones previas sobre pequeñas superficies. Sus acciones son irreversibles en la piedra. Se trata de sustancias con acidez o basicidad elevadas. También puede aplicarse con agentes orgánicos.

Como agente básico principal está la sosa cáustica para eliminación de manchas de yeso en calizas y mármoles.

Métodos especiales.

Son métodos que utilizan las microondas, ultrasonidos y el láser entre otros instrumentos.

El método láser es el más utilizado en piedras deterioradas o en las que no es recomendable otra técnica o tratamiento.

 Limpieza y orden en el área de trabajo.

El área de trabajo, como prevención de la seguridad en el trabajo, está indicada en la normativa de seguridad y salud. Determina que un buen estado de orden y limpieza supone una organización y planificación de actividades. Hay que tener en cuenta los medios y materiales a emplear así como los productos necesarios de la ejecución, implicando:

1. Clasificar el material y equipos precisos a utilizar.

2. Almacenar fuera del área de trabajo el material innecesario.

El buen estado de limpieza conlleva el acopio, retirada y transporte del material sobrante. Por eso es recomendable limpiar periódicamente los medios mecánicos y la acumulación del material de desecho en lugares destinados para ello de forma inmediata.

6.14. Técnicas de limpieza, acabado y aspecto.

La técnica de limpieza consiste en que, una vez terminada la fábrica y sus elementos, esta quede limpia de polvo y partículas superficiales. Es entonces cuando la piedra natural está en disposición de ser tratada superficialmente para obtener el aspecto deseado en la entrega o tener la apariencia precisa diseñada en el proyecto.

La limpieza tiene un carácter preventivo y correctivo para evitar la aparición de patologías. Esto implica la aplicación de tratamientos para la conservación. Estos se muestran a continuación.

Tratamientos hidrofugantes.

Para que no penetre el agua en estos capilares es lógico pensar que deben estar llenos parcialmente de otra sustancia. Así se disminuye la posibilidad de patologías como fisuración, decohesión o laminación entre otras. Este tipo de tratamiento tiene como base sustancias con moléculas orgánicas y debe ser preciso en su aplicación requiriendo pruebas previas en laboratorio y sobre pequeñas superficies a tratar. Está indicado para piedras con alto índice de poros y media-alta absorción de agua.

La hidrofugación es el tratamiento que se realiza para evitar que los materiales absorban agua, modificando la estructura y la estética de los mismos. No aporta color a la película protectora exterior, sino que bloquea los poros y permite la permeabilidad al vapor de agua dejando respirar al paramento tratado.

Los productos para hidrofugar tienen base acuosa o disolvente con lo que se aplican igual que una pintura (con rodillo, brocha o pulverización) dejando secar durante 24 horas.

 Tratamientos consolidantes.

Su objetivo es la restitución de las propiedades mecánicas y la cohesión del material pétreo. La aplicación de los productos de este método debe ser programada y planificada. Sus procesos suelen ser irreversibles y tienen influencia en la apariencia y comportamiento funcional del material.

Cuadro de texto: Estos tratamientos se presentan en tres categorías según los componentes consolidantes.
- Consolidantes inorgánicos: composiciones químicas afines. Tienen capacidad de penetración limitada y depende de la finura con que se presenten los componentes.

Estos tratamientos se presentan en tres categorías según los componentes consolidantes.

– Consolidantes silicoorgánicos: tales como siliconas, silanos y resinas. Sus radicales polares son susceptibles de interaccionar con el sustrato mineral de la piedra, efectuándose la consolidación.

– Polímeros orgánicos sintéticos: tienen capacidad de penetración limitada por el tamaño largo de sus moléculas. Principalmente se emplean para consolidación superficial.

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