8.2. Proceso de la Losa

/ 8. Labrado y Restauración/ 1 comentarios

3. Proceso de la Losa o Sillar:

          1º – Realizar una junta:

          2º – Se Saladea:

          3º – Realizar otra junta por el saladeo:

          4º – Enderezar de junta a junta:

          5º – Se paramenta:

          5.1 – Con el pico.

          5.2 – Con la bujarda.

          5.3 – Con el martillo.

          5.4 – Con la escoda.  

          6º – Se cuadra la losa:

          7º – Se desbastan y labran los lechos:


4. Labrado y Tallado de la Piedra:

El tallista de piedra está destinado a realizar los trabajos más artísticos. Su objetivo principal es lograr la decoración de la piedra, tanto en la realización de un motivo de escultura de bulto, como en el tipo de relieve. En la actualidad, el tallista de piedra centra su trabajo en cuatro áreas bien definidas: En primer lugar, acomete labores de restauración de edificios históricos y la construcción de elementos de nuevos edificios.

En segundo lugar, uno de los ámbitos de trabajo más solicitado es el de las producciones para cementerios, tanto de lápidas como de esculturas de bulto redondo, los diseños son propios del artesano.

En tercer lugar, realizar el trabajo mecánico, en función de un diseño. El tallista de piedra recrea el boceto a escala. En cuarto lugar, la producción de elementos decorativos, y reproducciones a pequeña escala de objetos del mobiliario urbano; como bancos. Los tallistas, actualmente tallan piezas de menor tamaño, como son los números de las calles, para la identificación de las casas, buzones, y otros adornos.

Cuadro de texto: Arucas cuna  y vivero de canteros y labrantes, es uno de los municipios de Canarias que más labrantes ha tenido y tiene en la actualidad, de hecho aún pervive esta labor. Se mantiene debido a la mezcla entre tradición y nuevas tecnologías.  Se intercala, por un lado, la labor hecha a mano y, por otro, el trabajo con maquinaria empleada principalmente en el sector de la construcción, pues hay que adaptarse a los nuevos tiempos para poder competir en los mercados empresariales.

Arucas cuna  y vivero de canteros y labrantes, es uno de los municipios de Canarias que más labrantes ha tenido y tiene en la actualidad, de hecho aún pervive esta labor. Se mantiene debido a la mezcla entre tradición y nuevas tecnologías.  Se intercala, por un lado, la labor hecha a mano y, por otro, el trabajo con maquinaria empleada principalmente en el sector de la construcción, pues hay que adaptarse a los nuevos tiempos para poder competir en los mercados empresariales.

 Hasta los años setenta el trabajo se desarrollaba sin unas condiciones de seguridad y comodidad mínimamente aceptables. Trabajaban los labrantes la mayor parte del tiempo al sol y era el astro rey el que marcaba el principio y el final de la faena diaria, pues trabajar de “sol a sol” era una manera de contar el tiempo. Con el paso de los años las condiciones de trabajo mejoraron y la jornada laboral se redujo a ocho horas diarias, incluidos también los sábados. Cuando se consiguió la media jornada para los sábados el resto de los días se trabajaba nueve horas. Actualmente la jornada es de ocho horas diarias y el descanso es a partir de los viernes al mediodía.

 Al oficio se le llamo cantería, pues los canteros elaboraban cantos para fabricar. Se hacían en San Lorenzo, Gáldar, Arucas y otros lugares. Los de San Lorenzo eran de caliza blanca y sólo se martillaban, igual que los de Gáldar (de piedra apiconada), y ambos se utilizaron en muchas obras. Sólo tenían un defecto; mantenían mucho la humedad debido a su formación y composición. Los de Arucas eran de una piedra más fuerte y compacta, por tanto más difícil de transmitir o mantener la humedad.

 En las canteras, los trabajadores, para protegerse del sol y la lluvia, empleaban como toldo una arpillera o una “latada” de hojas de platanera. Sin embargo, los cabuqueros, debido a la localización de su labor, junto al risco, se pasaban todo el tiempo a la intemperie.

 Cuando se utilizaban cuñas de madera se ponían en el cuñero y se mojaban para que se fueran hinchando y de esa manera poder realizar el levante del bloque de piedra que se quería extraer; este proceso era muy lento, había que esperar hasta un día para poder obtener un resultado apetecido. Cuando aparecieron las cuñas de acero el rendimiento fue mayor. También el repartidor y el entallador realizaban su labor al aire libre, padeciendo las inclemencias del tiempo, tanto en verano como en invierno.

 Los labrantes no tenían ningún tipo de seguridad física en el trabajo. Ni siquiera usaban un casco que los salvaguardara de posibles derrumbes o de las piedras que saltan por el continuo martilleo, tampoco disponían de gafas para protegerse los ojos de las esquirlas de piedra (“fuegos”) que saltan al trabajar con el pico o con el escoplo. Utilizaban la punta del escoplo para extraer de los ojos los “fuegos” que cayeran en ellos, lo hacían con una maestría tal que no se cuenta de ninguno que se hiciera daño al realizar esta “operación”.

Los conocimientos del oficio de labrante se transmitían de padres a hijos. Los jóvenes aprendices abandonaban el colegio a temprana edad. La mayor parte de los labrantes se iniciaron entre los diez  y doce años. Al principio desempeñaban funciones de recaderos y limpiadores. Llevaban las herramientas  desde la cantera al herrero, en ocasiones recorrían  varios kilómetros cargados de escoplos, picos, escodas, etc…

Los aprendices se encargaban de la limpieza de la cantera, quitando aquellas piedras que no eran labrables, como “ripios”. Se utilizaban cestas de pitas como sistema de acarreo, siendo a veces el tamaño de los aprendices menor que el de las cestas de más de cuarenta kilos, subiendo por veredas que se iban formando en el risco a medida que se profundizaba en la cantera.

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Estas piedras  eran utilizadas para hacer “paredes de cajón”. Estas se construían con dos tableros y una vitola de madera de unos 20 o 25 cm que se ponía en el interior de los tableros para que éstos quedaran de igual medida por todos los lados; luego se llenaban con las piedras y la mezcla (compuesta por cal viva, arena y picón). La cal se obtenía del Barranco de Azuaje (Firgas y Moya) donde se encuentra la cantera de piedra de cal. Ésta se quemaba en un horno de forma circular con dos puertas, una en forma de ventana en la parte superior y otra que podía ser de varias formas (desde la rectangular hasta la arqueada) por donde se mete la leña.

El horno tiene varios departamentos en forma de parrilla, en los que se ponen la piedra y la leña. En los años cuarenta comenzó a usarse el carbón como combustible. Esta industria daba mucho trabajo a canteros y obreros, pero sobre todo a los arrieros que trasladaban la cal, muy utilizada para múltiples finalidades entre las que destacamos la construcción de presas en la cumbre. La cal se transportaba en mulas hasta las presas y se contaban hasta 100 mulas que acarreaban la cal por senderos desde Azuaje hasta la cumbre.

El trabajo de los aprendices constituía una mano de obra rentable y barata que interesaba a los patronos, pues no se cotizaba como ocurre hoy en día. No percibían ningún sueldo, sólo una especie de limosna que el patrón le daba para sus gastos.

Los labrantes tenían la costumbre de marcar las piedra que realizaban, las cuales solo conocían entre ellos para así poder saber quién la había realizado.

Este oficio era muy duro ya que trabajaban bajo las inclemencias del tiempo, en lugares de mal acceso y mucho peligro como barrancos, transportaban las piedras tiradas por bestias cuando se podía y cuando no había que cargarlas a hombros o en parihuelas.

En cualquiera de los pueblos de Gran Canaria podemos ver grandes obras de arte realizadas por los labrantes de Arucas, aunque también podemos contar con la piedra de Arucas en muchas otras

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El trabajo de cantero se compagina con el de los labrantes, también llamados escultores o artistas de la piedra. Estos últimos llegaron a trasladarse a las diferentes Islas de Canarias para realizar sus trabajos en los monumentos y grandes edificios.

1 Comentario

  1. Muy buen artículo y que maravilla de trabajo el que haces, gracias por mantener vivo un oficio que se esta perdiendo.

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