5.13. medidas y acabados

/ 5. Colocación de Piedra/ 0 comentarios

7. Comprobación de las medidas y características de los elementos singulares

Durante el proceso de labra, las piezas deben ser sometidas a una serie de comprobaciones o controles que aseguren que el trabajo va como se esperaba.

Reglas graduadas y cintas métricas: instrumentos de medición. Con las cintas métricas de tela se pueden medir curvas.

Reglas de comprobación: piezas de madera rigurosamente planas que sirven para comprobar la planitud de la superficie, como las irregularidades de labra. Solo hay que ponerla en contacto con la pieza y observar a contraluz la coincidencia de ambas.

– Escuadra: se trata de dos brazos unidos por un ángulo de 90º. Se utiliza para trazar líneas y para comprobación de superficies perpendiculares.

– Falsa escuadra: consiste en dos brazos articulados en un eje que se puede regular según el ángulo requerido. Se utiliza para transportar la apertura de un ángulo determinado y verificar la superficie labrada.

– Compás de puntas: se utiliza para el trazado de circunferencias y arcos, transportar medidas desde la regla y para medir distancias entre dos puntos. Para comprobar una medida, se emplean los compases de exteriores y de interiores, donde los extremos no acaban en punta, sino en curva.

– Compás de varas: cuando se habla de grandes circunferencias o arcos, se utiliza este compás. Consiste en una regla sobre la que se deslizan dos patillas con tornillos de fijación y terminadas en punta trazadora.

Compás de Vara

– Plantillas y contraplantillas: las plantillas son imprescindibles para el proceso de labra y las contraplantillas para las comprobaciones.

– Nivel: se emplea para comprobar la correcta horizontalidad o verticalidad de una superficie, guiado por una burbuja de aire creada en un depósito de cristal lleno de líquido.

– Plomada: pesa de plomo con una cuerda. Sirve para comprobar la verticalidad de una superficie.

– Trazadores: para dibujar o trazar líneas sobre la piedra, se emplean estos lápices con punta metálica.

8. Los acabados

El acabado es el aspecto final de la piedra natural. Dependiendo del material y de la funcionalidad de este, se optará por uno u otro acabado.

Los acabados se pueden dividir en acabados lineales y acabados superficiales.

8.1. Acabados lineales

Estos acabados hacen referencia a la terminación de los perfiles. Entre ellos, destacan el de canto recto, el medio redondo, el redondo, el biselado, el chaflán, el vaciado, el fresado, el goterón, el moldurado o recercado. Dependiendo del uso de la pieza, se utilizará un canto u otro.

8.2. Acabados superficiales

Se refieren al acabado que muestra la superficie de la pieza. A continuación, se describen los acabados más utilizados que se pueden realizar en la piedra natural.

Pulido

Es el tratamiento más conocido y frecuente de la superficie de tableros de mármoles y granitos, que son las rocas que poseen el suficiente grado de cristalinidad necesario, constituyendo la última parte del proceso del progresivo alisamiento con abrasivos a que se someten estos materiales cuyo objeto es la consecución del brillo. Se consigue una superficie lisa, plana, brillante y reflejante, sin ningún tipo de raya o arañazo visible. Este procedimiento, además de proporcionar unas características estéticas específicas, contribuye a dejar una porosidad cerrada y a dotar al material de una gran resistencia a las agresiones externas.

Lajado

Esta terminación la admiten las pizarras o piedras de cantería tableadas, como las cuarcitas y algunas areniscas. Este acabado muestra su aspecto natural con un relieve irregular, bastante planas aunque con algún pequeño escalón.

Apiconado

Se realiza sobre una superficie plana, por corte de disco o corte natural, sobre la que se realizan incisiones alargadas paralelas mediante el golpeo con un puntero. Se aplica en piedras de cantería y presenta muescas que proporcionan a la pieza un aspecto rústico y algo tosco.

Apomazado

Es un acabado similar al pulido, pero sin llegar a conseguir brillo, utilizando abrasivos de distintos granos sin llegar a los de grano más fino. Se emplea en piedras de cierta dureza y compacidad y se consigue una superficie plana, lisa, mate y sin marcas visibles. El tono es más oscuro y resalta mucho la textura y los colores.

Escafilado

Tras cortar la piedra por cualquier método, con métodos manuales o mecánicos se golpea, haciendo surcos y saltando lascas y esquirlas. Se aplica a piedras compactas, como granitos, y tiene una apariencia natural y rústica, con ciertas rugosidades que resaltan el relieve original al tiempo que suavizan ángulos y saliente. Tiene un aspecto similar al partido, pero con mayor relieve y se utiliza para ambientes rurales, chimeneas o espacios urbanos.

Abujardado

Es un acabado que siempre se ha utilizado para revestimientos exteriores por su característica deslizante. La superficie aplanada de la piedra se golpea con una bujarda manual o neumática. La superficie presenta pequeños cráteres de 1-3 mm de profundidad y una anchura uniforme que aclara el tono general de la piedra.

Flameado

Tratamiento térmico a alta temperatura consistente en una llama mediante mecheros de oxiacetileno que consiguen unos 2.800 ºC. Suele aplicarse a tablas de granitos y a grandes superficies, no a bordes ni ángulos. El resultado que se obtiene es una superficie con cierto relieve, rugosa, algo craterizada y vítrea, que proporciona al granito un aspecto rústico sin cambio apreciable del color. Se consigue un aumento en la estabilidad para alteraciones químicas atmosféricas.

8.3. Calidad de los acabados

Es necesario establecer al principio del proceso el producto para hacer que este responda a las condiciones de funcionamiento y duración esperadas, todo ello dentro de un precio competitivo.

El acabado superficial es una parte importante de la totalidad de la producción de una pieza. La elección de los procedimientos adecuados para la satisfacción de los requerimientos funcionales adquiere una gran importancia y se hace necesario tener conocimiento de los sistemas de acabado y de los métodos empleados para satisfacer cada una de las necesidades a cubrir. Los objetivos funcionales a cumplir por una superficie se pueden clasificar

– Protectores: resistente al moho o a los grafitis.

– Decorativos: mejora del aspecto, como el color o el brillo.

– Tecnológicos: resistencia al desgaste o resbaladicidad.

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